jueves, 16 de abril de 2015

Me lo merezco



Nenas, tengo un nuevo objetivo en mi vida. Ya no quiero ser francesa, ni megafrancesa. En pocos días saldré de la crisis de los 35 y eso se merece un cambio drástico, un copazo de realidad. Un atracón de optimismo, coño.

Yo ya no quiero ser francesa. Yo lo que quiero es ser Elsa Pataky.



Me merezco ser Elsa Pataky.


No puedo soportarlo.

Me merezco ser El-sa Pa-ta-ky.

Es muy duro darse cuenta de eso. Es jodido ver que la muy cabrona ha pasado de ser la chacha rechoncha de ‘Al salir de clase’ a la diosa del vestido blanco que es ahora. Mientras tú y yo pasamos por la vida así, rendidas ante la gravedad, Elsa se va cincelando divina entregada al diapasón holiwoodiense.

Me merezco ser Elsa Pataky. Punto.

Y como me lo merezco, voy a empezar convenciéndome muy fuerte de que tengo que dejar de desayunar donuts por la mañana, de que iré al infierno si ceno pasta y de que el chocolate no existe más allá del patio del colegio ni más acá que las mochilas de mi hijos.

Os digo una cosa, hay que ser muy hija de puta para contar que comes esto 

Quitando la primera, el resto te hace sentir gorda, sebosa, glotona y colgandera. Y la guayona de Dahne Javich, obviamente, la peor, la más cabrona. A mí me gusta comer, joder.

Eso es comer? Just breath!

Dahne,  ya me caes mal.

Me merezco ser Elsa Pataky. 

Elsa se ha convertido en una diosa, pero en una diosa que come. Sano, ecológico y lo que queráis. Pero ese cuerpo se alimenta seguro, no solo respira.

Y se llama Elsa, como en Frozen. Seguro que mi hija me querría más si me llamara Elsa.

Merezco tener toda la mañana para hacer ejercicio con entrenador personal.


Merezco desayunar zumos verdes ecológicos.


Merezco tener el culo prieto, los brazos contorneados.

Merezco esa clavícula, coño.

Merezco ir a mi facialista cada dos meses.

Sí, nenas, porque yo tengo facialista. Me encanta tener facialista. Me fascina la palabra facialista y la digo todo el rato.

Voy cuando puedo pagarla y últimamente lo que hago es comprarme cero ropa y visitarla más a menudo. Más allá de las limpiezas de cutis con florines y peelings químicos, a mí lo que me tiene loca es la luzpulsada intensa para borrar las marcas en la cara. Mortal. Voy a contar un poco más este punto y así os creo un nuevo runrún. 

Un auténtico y caro runrún. 

Os jodéis.

La IPL intensa elimina las marcas que tienes en la cara siempre que no sean melasmas. En mi caso es milagroso porque mi piel hiperpigmenta alarmantemente con cualquier granito y herida que me haga. Una vez cura, el rosa se vuelve marrón oscuro casi negro y tarda un año o así en desaparecer. Un drama muy grande.

Con el láser (no os despistéis, en lugar de decir luz pulsada intensa, digo láser) esas marcas se vuelven una costra muy fina que se cae a los pocos días y con ello la marca desaparece por completo. Además, la creación de colágeno se activa, con lo que a la semana mi cara tiene más luz que una supernova.

Ese cutis grita IPL:


Lo malo es que engancha. Engancha de mala manera y cuando mi cara se descontrola y me sale algún granito ya estoy pensando, joder, tengo que ir a la facialista!!!! Y claro, me arruino mucho.

En la mía cada sesión cuesta 250 euros. Es mucho dinero, pero nenas, no me compro ni bragas y ya está.

Me merezco ser Elsa Pataky, os lo digo de verdá.


Por ahora he vuelto al Pilates con máquinas, que es lo mío, lo único que no me aburre. Probé el yoga y me duermo, además de que no soporto que todo el mundo respire tan profundamente que parezca que me quieran robar todo el oxígeno que hay en la sala. Con eso no me puedo concentrar, les oigo respirar como si no hubiera un mañana y me entra la angustia de la muerte.

Yo prefiero el Pilates, subirme en esas máquinas del demonio y creerme Nadia Comaneci. 

Y luego está el TRX, que hago una vez a la semana.


Me merezco ser Elsa Pataky y hacer Pilates y TRX todos los días. Y luego llorar, porque yo cuando hago TRX siento unas ganas irrefrenables de llorar.

Y quiero hacer boxeo. Os lo he dicho? Llevo un año queriendo.


¿He dicho que me aburre el yoga? Sí, me aburre, pero no me doy por vencida. Soy una tía que mola, perseverante, y vivo en una casa donde la gente respira con tranquilidad y llena de plantas que crean un ambiente lleno de oxígeno, así que he comprado el DVD de Nadia Narain para practicarlo en mi salón con mi hija de 5 años, que se pirra con el yoga que les enseña su profe después del patio. 


Dicen que Nadia Narain es la mejor y que ese DVD mola todo, así que ya os contaré qué tal me va.

Merezco ser Elsa Pataky y hacer yoga todos los días en la playa de Malibú. 


Ahora solo tengo que empezar a creerlo.

Un beso a todas.

Pd: Amo a Jax.

Pd2. Post dedicado a las dos hijas de Lady Peterson.

miércoles, 28 de enero de 2015

Se lleva el rojo




Aclaración previa: No os preocupéis que no voy a escribir la palabra marsala en este post. La próxima que vez que lea marsala en algún periódico, revista o sucedáneo me arrancaré los ojos. Lo juro.

Hoy os voy a contar un incidente que me ocurrió hace pocos días que os confirmará que mi grado de retraso mental ha llegado definitivamente a su cota máxima. 

Yo, retarded. 

Totally retarded.

Resulta que hace poco estuve en París una semana. Todo fue muy genial y sigo queriendo ser francesa o megafrancesa. Las parisinas son todas taaaaan perfectas, relajas, con esa piel y ese pelo y esa ropa y ese TODO. Es terrible porque Paris me fascina y a la vez me hace sentir, como dice una amiga,  "tan de municipio". Complejo de municipio, mi amiga debería acuñar ese concepto maravilloso y aterrador, tan preciso y revelador. Tan verdad. Nos pasa en París, Nueva York, Londres y Estocolmo. En Madrid no, aunque la amemos, no tiene ese poder sobre nosotras.

Total, que me metí en el APC de Montmatre para comprar los famosos raw jeans. Tardé un cuarto de hora en poder abrocharme los pantalones. Literal. Un puto cuarto de hora sudando como una cerda, con la cara roja y llena de chorretones por el hercúleo esfuerzo de apretujar mi culo y mis piernas en unos pantalones que EVIDENTEMENTE eran varias tallas menos de la que necesito. 



Creo que casi lloré cuando por un momento se me cruzó el pensamiento peregrino de que no conseguiría abrocharlos. 

Pero lo conseguí. Por mis cojones que lo conseguí. Metí ahí dentro todas mis carnes amorcilladas y salí del probador apenas pudiendo dar un paso tras otro con dignidad.

Estaba embutida en esos pantalones, que me hacían culocarpeta, cuando de repente ese ser encantador que tienen por dependiente dijo dos palabras mágicas en una misma frase: 

-Tienes que tener FÉ en tus JEANS. 

O sea, hola?!! Holalá!!!! FÉ en mis JEANS!!!!!

Para colmo, cuando ya estaba a un pelo de desmayarme después de llevar metida dentro de esos vaqueros del demonio más de media hora -tres cuartos si contamos el prólogo infernal del probador-, el menda lerenda va y me suelta que "lo de estos vaqueros es como una religión" y que acabarían siendo mis pantalones FAVORITOS EVER.


Esa fue la gota que colmó el vaso, la que despertó al monstruo esnob que llevo dentro. Así que pagué con PLACER  por unos vaqueros pequeñísimos y casi tan absurdos como yo. 

Evidentemente, el chico tenía razón.

A los dos días ya no tenía que esforzarme en abrocharlos. 

A la semana ya podía agacharme a recoger las llaves cuando se caían al suelo.

A las dos semanas me iban perfectos. Su tela aún estaba tiesa como la mojama (cuando los compras directamente se pueden mantener solos en pie) y creo que tardarán meses o años en desgastarse. Pero da igual, yo soy paciente y tengo fe.

A las tres semanas, después de llevarlos prácticamente a diario, me quedaban aún MÁS perfectos!! Cada vez que me los ponían me daban ganas de hacerles la ola yo sola.

Hasta qué hace unos días ocurrió justo lo que tenía que pasar para ponerme en mi sitio.

Y a partir de aquí prestad mucha atención porque os voy a contar mi terrible incidente y eso probablemente cambiará vuestro concepto de este blog y de mí, si es que tenéis alguno. En cualquier caso, hasta yo he cambiado el concepto de mí misma a raíz de este desgraciado acontecimiento. 

Hace un par de días salía yo tan tranquila del trabajo con mis vaqueros de APC puestos, que de ponérmelos a diario ya me quedaban perfectos. 

Estaba tan feliz que hasta le había contado a mi marido -que pasa pueblos de estos temas- que son unos vaqueros un poco especiales, que el de la tienda me dijo que no los puedo lavar por nada del mundo y que si lo hago, que sea dentro de al menos cuatro meses y en seco, en la tintorería. También que si soy una tía molona lo que tengo que hacer es bañarme con ellos puestos en el mar y luego revolcarme por la arena de la playa, lo más normal. 

Otro punto súper importante que me dijo es que si los lavaba encogerían y volverían al inicio. OJO a ese aterrador detalle, que supondría tener que volver a pasar por el suplicio de enmorcillarme!

Mi marido me dijo que eso era una chorrada como la catedral de Burgos de grande y que lo de no lavar los pantalones es de guarros y guarrísimos. Entonces, yo le miré muy seria y le dije:

-Cari, no entiendes nada.

Así de contenta iba yo con mis vaqueros por la calle cuando de repente noto como la jodida catarata de Niágara cae por mi entrepierna. Qué coño Niágara, la puta Garganta del Diablo! 

Me había venido la REGLA. Y de qué manera, señoritas!!!!! 


No me lo podía creer. Me quedé completamente paralizada en medio de la calle y mi primer pensamiento fue:

-Dios mío, mis-va-que-ros! Que no los puedo lavar!

Acto seguido, en estado de shock como estaba, pensé que quizá había sido sólo una sensación exagerada mía, que a lo mejor me había caído un chorreoncito de sangre, nada grave, y que mis jeans aún estarían a salvo.

Me fui corriendo hasta el baño -despacio, para que la cosa no cayera a peor- y vi que aquello era una carnicería más grande que la que monta en 'Perdida' +++++OJO! pequeño espoiler en la siguiente frase, si no has visto 'Perdida' pasa directa al párrafo siguiente++++ Rosemund Pike cuando se carga a cuchillazos en la cama al Médico Precoz.

++++++ FIN del pequeño espoiler+++++++++++

Una burrada de sangre, nenas. Fatal, fatal. 

Me di mucha prisa en llegar a casa, porque todas sabemos que las manchas siempre se van mejor cuando aún no se han secado, sobre todo las de la sangre de menstruación. 

Las que habéis pensado que no metí los vaqueros en la lavadora y que lavé a mano sólo la -ENORME- mancha de sangre, habéis acertado. Con el jabón de aceite que hace mi abuela, frotando y moviéndome como las locas en pleno brote psicótico. 

Y ahí están mis putos raw jeans, secándose tendidos. Yo, que sufro de toda la vida de un serio sobreabuso de secadora, los tendí. 



Así que este lamentable incidente me ha recordado dos cosas:

-Ya os lo he dicho, soy retrasada mental.

-Mi amiga S. y yo somos dos tías con suerte. Ella hace un par de meses se cagó encima en plena calle. Se cagó por la pata abajo y su frase resume muy bien lo afortunadísimas que somos:

-Nena, me chorreaba hasta las UGG, menos mal que llevaba un vestido largo.

Un beso a todas.

Lula P.



jueves, 18 de diciembre de 2014

Be Cameron, my friend

Yo en 2015 quiero ser Cameron Howe. Quiero ser un genio de la informática, llevar el pelo corto y rubio platino, pantalones de tiro alto y camisetas sin sujetador y ser una puta diosa con americana roja.

Pero sobre todo lo que yo quiero para 2015 es ser EL FUTURO.

Be the future.

Be Cameron, my friend.






Casi lloro cuando apareció con esa americana roja. Nota mental: copiarla todas las veces que pueda durante 2015. No lo olvides, copia eso todo el rato. Tiene pinta de ser de YSL. Joder. Necesito esa americana, queridos Reyes Magos...


Cameron viste como le sale del toto, porque ella no necesita ponerse guapa. Ella ES guapa, pero se la suda, porque es un ser superior. EL ser superior. La superhembra que necesita follar cuando su mente se bloquea. Pegar un polvo para desbloquear tu cerebro. Un uso pragmático del sexo que, al contrario de lo que muchos creen, es TAAAAAAN FEMENINO.






No sé cómo, pero seré Cameron, aunque me pille justo cuando empiezo a ser, irremediablemente, el pasado.



Un beso a todas y felices fiestas.

Lula P.


jueves, 27 de noviembre de 2014

Mis vaqueros favoritos











Los 501 molan tanto que me entran ganas de llorar cuando los veo. Me hacen feliz. No comprendo cómo fui capaz de tirar todos los míos allá por el 2002. Fui vergonzosamente gilipollas. Tirar mis cuatro o cinco Levis para llevar luego pseudovaqueros de mierda de Zara, Mango o, aún peor, Pull and Bear... A quién coño se le ocurre!! Idiota.

Pero el año pasado remedié mi gran fallo y me compré unos maravillosos y rebajadísimos que me pongo sin parar. Son vaqueros de verdad y no esa tela fina y elástica que venden por ahí, son sexis y nos pertenecen, porque las nuevas generaciones no tienen ni puta idea de lo que es suplicar a tus padres con millones de porfavores que te compren unos Levis etiqueta roja. Yo sí lo sé, los pedí durante meses como una pesada hasta que me compraron mis primeros 501, que llevé a diario varios años.

Lo mejor: Sigo llevando la misma talla. Cómo no los voy a amar muy fuerte?

Hay dos normas con estos vaqueros:

-Que sean una talla menos (o dos si consigues pasarlos por tus caderas, aunque los primeras semanas tengas que ir con los dos primeros botones sueltos). Acordaos de que siempre teníamos el problema de que se cedían muchísimo y por eso los lavabámos demasiadas veces, porque sólo conseguíamos que quedaran como queríamos durante las primeras horas después de salir de la lavadora.

-Que la talla de largo sea más bien corta, hasta el tobillo, para respetar su pespunte original en los bajos. No hay que llevarlos demasiado largos y nunca, nunca, nunca con el bajo arreglado.

Prometo no volver a renegar jamás de mis vaqueros favoritos.

Besos a todas

jueves, 6 de noviembre de 2014

Ni viejas ni cuquis



Últimamente se hace vieja mucha gente. Hay como una especie de histerismo muy loco, como si los nacidos en los años 70 tuviéramos que ser jóvenes para siempre. 

Y sabéis qué os digo? Lo entiendo per-fec-ta-men-te. 

Yo tampoco estoy preparada para ver envejecer a las chicas cuquis de las pelis que veíamos en los 90. Mi cerebro aún piensa que Meg Ryan es cuqui y Julia Roberts y Winona y todas esas actrices cuquis súper cuquis.


No puedo procesar tanta vejez.

Ver a Samantha Jones haciendo de sexagenaria ennortada en ‘Sensitive Skin’, además de ser un soberano aburrimiento, me parece doloroso. Y encima con marido absurdo que no le pega nada.


Y a Chunchuna Villafañez, qué??? Qué me decís de la bella Chunchuna??? Cómo es posible que una mujer taaaaan bellísima pueda envejecer? Por qué???!!!! 


Cuando hizo ‘La historia oficial’ en el 85 ya era mayorcita, pero seguía siendo impactantemente hermosa. 



Con esa belleza perfecta, llena de carácter (y la ropa que lleva en esa peli!!! aunque sea frívolo decirlo, pero chicas, el vestuario de esa película es la polla). 

Ay Chunchuna, la bella Chunchuna, que ahora es una ancianita con millones de historias interesantes que contar.

Y qué me decís de Isabella Rossellini? 


El otro día entré en shock cuando la vi en 'Late Bloomers'. Hace dos putos días salía en los anuncios de Lancome como si no fuera a hacerse vieja JAMÁS. 


Y de William Hurt qué? Uno de mis hombres preferidos ever. Se acabó, no puedo soportarlo. William yo te amo igual, aunque ahora te cuelgue el culo.


Y por qué duele tanto? Porque si ellas envejecen, entonces nosotras también. No hay más.

Envejecer no tiene nada de malo, todo lo contrario. Crecer es lo mejor que hay. Envejecer es bueno, envejecer es bueno, envejecer es bueno...

Envejecer es bueno, pero la vejez es fea. Ese es el problema.

Me gusta hacerme vieja, en serio, mi cabeza funciona mucho mejor que cuando tenía 20 años y eso es una puta maravilla. 

He vivido momentos históricos. Y los he VIVIDO yo, no me los ha tenido que contar mi padre ni un profesor. YO contaré dentro de pocos años a mis hijos toda esa historia que forma ya parte de mi memoria vital. Y eso me ENCANTA. Hemos vivido cosas importantes, cosas que han cambiado nuestro mundo.

Me gusta tener canas, pero no entiendo por qué mi agujero izquierdo de la nariz es cada vez más pequeño ni por qué mi teta derecha se vuelve cada vez más grande que la otra. Misterios rarísimos que solo noto yo y que achaco directamente a la edad. 

La vejez rompe la armonía de nuestro cuerpo y el mío empieza a distorsionarse de una manera francamente rara.

Pero soy joven, coño, tengo 35 años  y el culo aún razonablemente prieto. Viva yo.

Ya hablaremos cuando nos venga la menopausia.


Un beso a todas.

Lula P.

Pd: Y que conste que lo importante está en el interior y lo que yo quiero es la paz en el mundo.

martes, 28 de octubre de 2014

Doñas perfectas: Daphne Javitch

Internet está haciendo mucho daño. Lo digo en serio. Y no hablo de que los digitales estén matando el papel, ni de los peligros del big data ni de nuestro desamparo ante las redes sociales y esa nube que nadie entiende. 

Lo peor de todo en internet son esas jodidas doñas perfectas que viven en Nueva York, Londres y París.

Pensadlo, sin internet no sabríamos quién cojones son, viviríamos felices en nuestra inconsciencia, tan campantes con nuestra imperfección y paletismo. Sólo desearíamos parecernos a las modelos y estrellas de cine, que son un sueño, de otro planeta, y una no pierde tiempo ni esfuerzos en intentar parecerse a alguien que desaparece con el despertar. 

Pero internet nos ha arruinado la vida.

Nos ha jodido de mala manera.



Ahora aunque vivamos en un pueblucho de mala muerte, en una provincia sin más alma que la de un cochinillo caliente, sabemos quiénes cojones son Daphne Javitch y el resto de doñas perfectas de las que ya iremos hablando.


Por eso internet es una GRAN putada. Y las doñas perfectas unas cabronas de mucho cuidado.

Esperad un momento que voy a morirme un rato del asco y de la envidia.

Yo no quiero saber quiénes son, intento huir de ellas como de una vara verde, pero internet se empeña en restregármelas a ellas y a su insoportable perfección.

Vamos por partes, hablemos un poco de la hoy, Daphne Javitch, una petarda que vive en un piso asquerosamente perfecto en el Soho de NYC, del que podéis ver por internet -una vez más, puta internet- hasta el último e insignificante y siempre perfecto rincón de mierda.


Además del piso perfecto, tiene un marido que está muy bueno, con el que se casó hace poco en una boda insufriblemente perfecta y relajada -de la que por internet podéis ver también fotografías de hasta el último pedo que se tiró el último jodido invitado perfecto-.


Una boda, por cierto, en la que había dos tipos de invitadas:

-Las doñas perfectas  (de una de ellas ya hablaremos aquí otro día)
-Garance Doré.

Ay Garance, que de tan imperfecta que es ya empieza a caerme bien y, además, me solidarizo con su cara continua de "estoy realmente jodida desde que el enano me dejó". 


Daphne es tan jodidamente perfecta que sabe que lo mejor es no maquillarse ni peinarse el día de tu boda, poruqe si llevas dos vestidos -el segundo era en realidad una falda- como los que ella llevó, sobra cualquier mierda que te quieras poner encima. 


Creo que jamás he visto una novia que mole más que Daphne Javitch. Nunca. Punto. Hasta quiero volver a casarme para no maquillarme ni peinarme ni llevar sujetador. Que ya me diréis vosotras la tía petarda que se casa así, tan ideal y sin sostenes cuando ella tiene una firma precisamente de eso, de ropa interior (Ten Undies). Hay que ser asquerosamente perfecta, por dios. 



No lo puedo soportar.



Y que alguien me explique cómo coño puede vivir en ese piso del Soho neoyorquino haciendo bragas y sujetadores básicos... Vale que los venden en Barneys, pero ven-ga-ya. Nenas, que está tía no fabrica ni vende millones de bragas en serie!!! Que no lo entiendo, coño. Llamadme provinciana.


Mirando a Daphne y al resto de doñas perfectas veo que:

-Lo mejor es no arreglarse nunca o casi nunca. 

-Si te arreglas, no te maquilles ni te peines (aunque lo de la melena despeinada se le está yendo a más de una francesísima de las manos, desde aquí lo digo ya).

-La ropa que lleves tiene que ser lo más cara que te puedas permitir. 

-Las telas acrílicas huelen a pueblo, a cochinillo y a polígono. Huelen a Mari.

-Ser la más guapa de la fiesta, de la cena o del local es francamente difícil. No te confíes a eso, ni lo intentes. Intentarlo es de paletas. Las doñas perfectas no quieren ser las más guapas, quieren ser las más cool. 

-Mejor lo clásico que lo moderno.

-Viva los 501.

-Intelectualidad o morir.




Y ahora me voy un rato a cortar las venas.

Un beso a todas.

Lula P.