viernes, 22 de mayo de 2015

Los 80 son una mala idea


El ser humano olvidó el buen gusto el 31 de diciembre de 1979.

Con los 80 empezaron décadas de desvarío, de descontrol, de a ver quién la tiene más larga y se pone la ropa más extravagante, más fea, más desubicada.



Es un alivio ver que esta temporada se llevan los 70, pero todos estos revivals absurdos que se inventan las casas de moda (y las redactoras aburridas y/o desesperadas por temas) no arreglan el hecho de que aquel año, 1980, olvidamos el buen gusto, nos despojamos conscientemente de él en nuestra sed de novedad y modernez y nunca más lo recuperamos.



Nenas, vestirse de arriba abajo como tu tía fue a tu primera comunión en 1985 es una idea terrible. No está bien hacer eso.

Mírate al espejo, alma de cántaro. No estás cool, no eres moderna. Vas disfrazada.

El pasado está ahí para reinterpretarlo. Puedes salpicar tu armario de prendas ochenteras, eso está bien, pero no te las pongas todas juntas o acabaremos cantando ‘Mi amigo Félix’.



Vestir cien por cien 80’s sólo está bien si estás tan buena como Keri Russell en The Americans, si tienes su pelazo y su culazo.



Sí nenas, pelazo. Felicity en el siglo XXI tiene PE-LA-ZO!

Es inaudito, lo sé.

Cuando la vi se me congeló la sangre de la sorpresa tan grande que me llevé. Joder, esa tia sinsal se cargó una serie ella solita cuando en los 90 se rapó aquella melena rizada que tenía (algo que cada vez que lo pienso me parece más maravilloso, por cierto).



No os recomiendo esta serie, es tan regulera que acabo durmiéndome en la mitad de cada capítulo. Pero Keri, esa mujer a la que ninguna jamás nos hemos querido parecer, está cañona en ella.



La ves ahí, de espía rusa infiltrada en el american way of life, y hasta dudas y piensas que quizá estás equivocada, que quizá los 80 sí fueron una buena idea… que, joder, le quedan bien hasta los jerséis de lana-que-pica. 



Le queda bien el ante marrón, cojones.


 





Hasta una chupa de cuero granate?! Wait…



Tú te pones los momjeans (neologismo ridículo donde los haya) y te crees que molas, pero no, ya te he dicho que estás fea y absurda.

Pero Keri, troncas, se los puede poner con un (atención) BODY celeste y estaría bien en los 80 y hasta en 2030. Tú NO. 


Y yo TAMPOCO.


Lo veis, tiene culazo. Qué rabia me da.

 


Yo con The Americans me duermo, pero mataría a un bebé koala por llamarme Nina Sergeeva, ir a la Residentura y hablar assssí, con acento russssso todo el rato. 

Súper Nina (Ssssergeeeeva).


Eso me pasa a mí, que después de cada capítulo me tiro una hora como una retrasada mental y me creo que hablo russssso.

Pero no somos Keri, ni Vanessa ni Daphne ni Elsa. Y no voy a decir eso de que nosotras somos mujeres reales, porque a mí esa frase me pone muy nerviosa.

Claro que soy una mujer real, no hace falta que me lo recuerdes.

Si me pinchas, sangro.


Nenas, no somos Keri ni Vanessa, pero follamos con hamaqueros de Santa Pola, nos hartamos de Donetes y sabemos que una mala idea, siempre será una mala idea.

Hasta cuando se nos ocurra a nosotras. 


Un beso a todas

martes, 19 de mayo de 2015

¿Quién es Vanessa Prosser?

Esa chica tan mona que veis ahí abajo. Una veinteañera que vive en la Gold Coast australiana, ama de casa y madre de una bebé llamada Bambi.



Vanessa come mucha fruta y verdura (pero mucha, mucha) y tiene un novio surfero, Sean, padre de Bambi y la única carne que Vanessa se mete en la boca. 


Juntos protagonizan a diario la versión 2.1 del jodido Lago Azul.



Vanessa no tiene culo, tiene culazo, y six pax y pelazo. 



Cada mañana se levanta, da las gracias a God (ella es muy creyente y lee cada día la holly bible), prepara un batido de plátano y se va con su bebé a dar un paseito por su barrio, a saludar a los cangrejos y esas cosas que se hacen en el puto Lago Azul.

Luego se da un baño en la playa con su niña, que seguramente ya sabe bucear y cazar tiburones y calamares gigantes.



En un día normalito, vuelve a casa y, mientras Bambi echa la siesta, Vanessa lee la Biblia y empieza a hacer la comida sana sanísima que en su casa comen cada fucking day. 




Y tiene un novio surfero, os lo he dicho? 




Yo tengo debilidad por los surferos, de toda la vida. 

Yo veo un surfero y me entran unas ganas locas de quitarle todo el salitre a lametones.



Vanessa es íntima amiga de Loni Jane, la blogger australiana reina de las bananas (la tía loca dice que puede comer de 10 a 20 al día) que la lió parda en Instagram cuando documentó su alimentación durante su embarazo. 

Imagináos el percal, toda la peña cabreada con que esta perra no engorde ni preñada, que si te estás cargando a tu hijo, que si puta flaca, narcisista de mierda, irresponsable. 



Y luego va el niño y nace bello y perfecto y a las pocas semanas Loni publica foto de su vientre plano como la tabla de surf de su marido (acaso dudábais de que Loni copula también con un surfero?!). 



Una foto que rezuma irosalamierdas y que acompañó con declaraciones de divaza absoluta del universo vegano, del tipo: 

"Soy la prueba de que nos podemos embarazar sin convertirnos en ballenas".

Qué dolor.

Qué hijas de puta.







miércoles, 13 de mayo de 2015

La inflación y la tontería



¿Estamos locos o qué está pasando aquí?

¿Casi 200 euros por unas ibicencas? Anda, anda y pírate.


¿Casi 300 por unas menorquinas? ¿Pero qué historia es esta?


¿Os acordáis de la roba de llengos? Pues ahora los guiris se vuelven muy locos por ella y no veáis cómo está la inflación. Si antes ya era cara, ahora es un atraco malo.

Así que mejor apuntad este nombre, antes de que se den cuenta y empiecen a pedir un riñón por metro cuadrado: tela de bolic o mocador de bolic.


Mallorquina de toda la vida. Se usaban para envolver la merienda, los regalos, etc. Todas las abuelas de esta tierra mía dominan el arte de embolicar con esta tela maravillosa.

Son la versión mallorquina de los Furoshiki, solo que las japonesas son estampadas y de colores vivos. 

 

Los mocadors (pañuelos) de bolic no. Los de aquí son austeros, sin estridencias ni alardes, exactamente como el carácter de los isleños.

Yo tengo tres caminos de mesa y un delantal que me ha hecho por encargo una chica que cose como las diosas mediterráneas. Y, como dice una amada amiga, es todo ideaaaaal! 



Si hacéis una visita exprés a Palma, hay un forn (panadería) maravilloso que se llama Es Fornet de la Soca que ha hecho bolsas de tela de bolic. Creo que se pueden comprar allí mismo, posiblemente el souvenir más bonito que os podáis llevar de Mallorca. 

Y ya os aviso, querréis comeros la tienda entera. 

Besos a todas

martes, 5 de mayo de 2015

El runrún del cocodrilo

Este blog tiene las mejores lectoras del mundo. Molan tanto que hasta comentan un post sobre boxeo aunque a muchas el boxeo les importe una soberana mierda.

Gracias a todas las que habéis comentado las entradas anteriores. Para mí lo mejor de esto es reírme un rato cuando os leo. Y a las que estáis ahí sin decir ni pio os digo una cosa: sois unas cabronas, despertad, que si no esto no funciona!

Gracias por comentar hasta cuando el tema os la suda, por seguir este blog durante tantos años (algunas desde  2006, en aquel primer 'armario'), por aportar vuestros propios runrunes y por decirme cosas bonitas que me alegran el día.

Cuando os leo me vengo arriba! Gracias.

Iba a hacer una entrada sobre la gala del Met, pero como queríais un post de runrunes decidí poner sólo unos cuantos comentarios en Twitter.

Así que aquí va vuestro post runrunero. Os lo merecéis coño!

-Polo Lacoste. Sí, esa misma cara de 'eng!' es la que puse yo el otro día cuando me compré el mío. No sé qué parraque me dio, pero entré en la tienda como poseída y cogí uno azul marino. Es de mujer, con lo que queda holgado sin ser oversize. Pensé que con uno de tío parecería Elle Degeneres. Y no es necesario.


Yo jamás he tenido un polo, pero siempre me han gustado los de Lacoste. Son un poco pop, sugieren luz y agua mineral. Y el cocodrilo, claro, que no puede ser más bonito (aunque en mi polo no sea verde ni tenga la lengua roja, es del mismo azul marino).



El mío es con lavado vintage y aún no sé cómo me lo pondré para no parecer una pija rancia. Algo se me ocurrirá. En ese momento pensé en Jackie Kennedy, Allie Mac Graw y Match Point. Ya os contaré si consigo gustarme con él.

-Reebok Classic. No sé qué cojones me pasa. Entre los 501 y esto voy a parecer Letizia Sabater en 'A mediodía, alegría'.

 Lo mío es muy grave, troncas.

 De niña tuve unas blancas que me puse a diario hasta que de tantos agujeros mi madre las tuvo que tirar con nocturnidad y alevosía. Muy fuerte. Un drama.



El otro día encontré exactamente estas por 35 euros y me volví muy loca de (a mediodía!) alegría. Nunca he sido zapatillera, pero ahora entre estas y las Stan Smith voy a parecer la Barbie deportista.

-Equipment Signature sin mangas. Me la regalaron por mi cumpleaños, en blanco, y aunque parezca doñaletiziera os juro que puesta mola tanto que hasta me entran ganas de llorar. Lo importante es comprársela un poco grande. 

Lo sé, no me creéis, pero os lo juro! 

Hacedme caso. Cero Leti.



-Multiple de Nars en Copacabana. Ya sé que todas conocéis este runrún, que no os estoy descubriendo Roma. Hacía años que cruzaba peregrino por mi mente, pero yo no le hacía ni puto caso. No sé porqué. Siempre que leía de los Múltiples pensaba que eso era un rollo repollo.




El pasado enero me entró la parraca (como podéis comprobar soy muy de que me entre la parraca) en el Corte Inglés de Castellana. Era uno de esos días que tienes muchas ganas de gastar dinero porque #tecreesrica pero no sabes en qué, así que me topé con el corner de Nars y sin darme cuenta ya lo estaba pagando.

Y os digo una cosa, es la polla.

La polla nivel Meteoritos de Guerlain. 

Yo no sé si me lo pongo bien, pero me gusta mucho el efecto que me hace. Es muy sutil, ligeramente brillante, te da luz (obvio) y te deja la piel esponjosa. 

Recalco una vez más: es la polla con cebolla.

-Makeup Gia Style. Ya os,lo dije, quiero que vuelva el maquillaje excesivo de los años 80. No me maquillo y cuando lo hago apenas se nota. 

Soy aburrida. Y vosotras también! 

Quiero sombras verdes y azules y naranjas. Y colorete y labios fucsias y hasta dorados. 

Divirtåmonos un poco, joder.



Y hasta aquí hemos llegado.

Ahora os toca a vosotras decir los vuestros.

Un beso a todas

Lula P.



sábado, 2 de mayo de 2015

Por qué el boxeo NO es el nuevo running


Escribo esto a las tres y cinco de la madrugada del que será el gran combate del siglo XXI. He dudado un poco en si debía o no torturaros con este texto en un blog que se supone de moda. Pero no os preocupéis, porque al final mi intención es hablar de eso, de moda, de las tendencias y el grado supino de ridiculez en el que caemos a veces. Especialmente cuando prejuzgamos.



Me gusta el boxeo. Concretamente, leer de boxeo, más si el escritor o periodista es norteamericano, con permiso del español Manuel Alcántara, elegante y efervescente cronista del noble arte del pugilato.

Ver, no veo tanto. Poco más que algún que otro extracto de combates históricos en Youtube que me han ayudado a entender todo eso un poco mejor.

El de esta noche es el primero que veo en directo. Dejo esto claro desde el principio porque nada más lejos de mi intención que parecer una impostora, de esas personas que cuando hablan de boxeo parece que hayan dado de mamar a Sugar Ray y puesto el chupete a De la Hoya. 



Si voy a ver este combate es, sobre todo, porque soy incapaz de permanecer impasible ante un suceso potencialmente histórico. Si pienso que algo que ocurre o está a punto de ocurrir puede convertirse en hito de nuestra historia, me intereso de forma inmediata por él e intento participar como pueda.

Aunque sólo sea oyendo, viendo y leyendo todas las noticias. 

Aunque sólo sea viendo una pelea entre dos hombres a las cinco de la madrugada.

Ese es el motivo principal, luego hay varios más que se simplifican en una sola sensación: curiosidad.



Me gusta el boxeo. Me gusta leer de boxeo. Mailer hace que me estalle la cabeza de placer y de dolor y frustración. Pagaría 'Cincuenta de los grandes' por poder escribir siquiera dos líneas como esas bestias de la literatura universal, como esos osos pardos del periodismo

Sin florituras, directos, bellos (poesía, coño!), con apenas subordinadas, sin circunloquios ni perífrasis verbales. Me gusta leer boxeo porque ellos y ella hacen que parezca fácil lo que se escribe difícil.



Tom King, por dios santo, si lo hubiera escrito algún escritor de ahora que yo me sé habría acabado siendo un viejo hambriento y llorón. O peor aún, cursi.

Y su bistec, un filet mignon.



Soy vanidosa, superficial y esnob, pero me gusta pensar que sé reconocer lo auténtico. Me abrazo sin remilgos a lo pasajero, pero me resisto a creer que soy tan boba como para no distinguir la verdad de lo superfluo.

Un querídisimo amigo, una de mis personas favoritas, me ha dicho hoy (supongo que en un intento de buscarme las cosquillas), "el boxeo es el nuevo running". 

Y no.

El boxeo es un deporte (que no juego, Alcántara mediante) triste, muy triste. Bello, primitivo y descorazonador como pocas cosas en este mundo. 

Pero sobre todo triste. De una tristeza poética y animal, sucia, maloliente y pobre. Por esos los hipsters y modernas nunca podrán ponerlo 'de moda'. Lo intentarán, eso seguro. Ya hemos visto por ahí a alguna guayona haciéndose fotos con los guantes de Everlast. Pero no. Lo que esas caras bonitas hacen nunca puede llamarse boxeo. Si acaso aerobic con guantes (eso que al final yo acabo queriendo hacer una y otra vez).




El boxeo no es un deporte de hipsters y modernas, no. Porque si hay un deporte menos snob y más verdad, ese es el boxeo. Por eso nunca podrá ser el nuevo running, porque cualquiera puede salir a correr pero muy pocos están dispuestos a que les rompan la cara y justo después volver al ataque para que les destrocen la nariz o la ceja. 




El boxeo no es el nuevo running, porque lejos de Las Vegas, el resto de rings está en tristes, lánguidos y pobres gimnasios de barrios periféricos que no se digna a pisar un hipster ni una moderna. Gimnasios mundanos y de lírica decadente, lejos de las calles ecológicas y de sus cafeterías perfectas, acogedoras y tan a la moda. 

El boxeo es flexible y curvo, aunque se practique en un cuadrilátero, y al final, como esta línea que estas leyendo, no necesita adjetivos de más. 




Un beso a todas

Lula P.